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Plasticidades: Rompiendo lo binario

Plasticidades: Rompiendo lo binario es un proyecto fotográfico formado por cuatro series que, en su formato expositivo, buscan entrelazarse entre sí para mostrar un sentido conjunto. Las piezas se basan en el autorretrato de desnudo tratado de una manera contemporánea y personal. Fotografías sobre fondo neutro se multiplican de diversas manera, conformando con cada variación una nueva realidad. Los mismos fragmentos de cuerpo se repiten una y otra vez dentro de la misma imagen, hasta el punto en que la propia representación del mismo pierde su sentido original. La maleabilidad del cuerpo se muestra como equivalencia a la maleabilidad de la propia identidad, siendo a su vez utilizada para la reivindicación a favor de la ruptura del binarismo. En unas fotografías el cuerpo sexualizado se multiplica de forma caleidoscópica hasta el punto de romper esa sexualización mediante su exceso, en otras, el rostro se deforma en el momento de la  realización de la propia fotografía, llegando incluso a la multiplicación del mismo en masas que aparentan ser una misma unidad. En las tres más horizontales el cuerpo pasa a convertirse directamente en un dígito, un uno o un cero, para formar parte del código binario que genera el sistema, mientras que en las blancas el cuerpo pasa a reducirse a elementos aislados al azar,
extremidades sin identidad que conforman extraños seres mutantes de un ser que quiso existir. A veces, para poder observar de verdad nuestra propia identidad necesitamos romper el contexto en que nos encajamos. Para alejarse de la representación normativa de identidades es necesario alejarse del lenguaje normativo, buscar formas nuevas de representar que resulten ser más acordes con las entidades no normativas que se pretende representar. No se puede romper con lo normativo siguiendo la norma. 


El sentido conceptual que mueve la creación de esta obra se basa en la identidad en el sentido más amplio de la palabra y como, reiteradamente, se la restringe a campos concretos y cerrados.
La identidad ha sido reiteradamente simplificada, estructurada y restringida. La existencia de cada persona se reduce, en definitiva, a un conjunto de casillas cerradas que puede o no marcar. No es de extrañar que surjan este tipo de visiones identitarias en una sociedad tan industrializada, sin embargo, la realidad resulta ser mucho más amplia y ambigua. En concreto, la identidad de género, es uno de los factores más dañados en este sentido. La visión de la identidad y de los comportamientos permitidos o no por la sociedad general se han articulado en mayor medida en torno al género, al cual, al mismo tiempo, se le ha encerrado en unas categorías binarias centradas en el sistema sexo - género - deseo que ha desarrollado la imperante matriz cisheterosexual. Toda identidad que salga de la norma establecida es sistemáticamente descartada, negada o tomada como equivocación. Estas identidades han existido siempre, pero no es hasta ahora que empieza a haber una paulatina evolución en su reconocimiento y su reivindicación. Vivir como alguien que no eres es exasperante, vivir como alguien que no eres porque te han hecho creer que eras alguien que no eres es desgarrador. Cada persona debe ser dueña de su identidad. Las identidades son ambiguas, vaporosas y abiertas. Limitar la identidad es limitarnos a nosotros y a los otros.

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